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Manuel Aragón, la bodega andaluza que elabora vinos desde 1815

La historia de la Bodega Manuel Aragón es la de una familia que ha mantenido viva la tradición vinícola de Chiclana desde 1815. Su legado se extiende desde el antiguo Callejón de Jerez hasta su emplazamiento actual en la calle Olivo, donde la séptima generación continúa un proyecto guiado por el respeto a la tierra y a los vinos del Marco de Jerez. Quien desee conocer más sobre su trabajo puede acceder a su web oficial, seguir su actividad en Facebook, X (Twitter), Instagram y consultar sus vídeos en YouTube.

Para conocer la visión actual de este proyecto bicentenario, conversamos con María Luisa Villarreal González, responsable de enoturismo y calidad, quien repasa los hitos que han marcado la personalidad de una bodega que continúa evolucionando sin perder su identidad.

Un legado que comienza en 1815
La Bodega Manuel Aragón nació en 1815 de la mano de Don Pedro Aragón Morales. “Desde entonces, nuestra familia ha mantenido una tradición constante de producción de vinos propios”, explica María Luisa Villarreal. El primer lagar se ubicó en el antiguo Callejón de Jerez, donde el vino se vendía directamente a los jornaleros que acudían a trabajar a las viñas. La distribución local era entonces el corazón del negocio.

Con el paso de las generaciones, la familia amplió instalaciones, adquirió nuevos viñedos y trasladó la bodega a la calle Olivo, su emplazamiento actual. “Seguimos en Chiclana de la Frontera, dentro del Marco de Jerez, y nuestra identidad se apoya en los pagos tradicionales de la zona”, señala Villarreal. Para la bodega, cada decisión en la viña y en la elaboración influye en la calidad final: “Estamos convencidos de que cada paso importa”.

Nombres que cuentan historias
Una de las anécdotas que mejor resume el espíritu de la casa es la relación entre los vinos y los personajes vinculados a la bodega. “Nuestros vinos llevan nombres que homenajean a quienes formaron parte de nuestra historia”, explica Villarreal. El Amontillado El Neto rinde tributo a Juan, un carrero alto y espigado que transportaba los vinos con su mula a principios del siglo XX. “Su carro era la conexión de la bodega con otras poblaciones en tiempos en los que los vehículos a motor eran una rareza”.

Bodega Manuel Aragon
Otros nombres evocan episodios y amistades. El Sauvignon Blanc La Batalla de La Barrosa recuerda un hecho clave de la Guerra de la Independencia; el Moscatel Los Cuatro debe su nombre a un grupo de amigos que se reunían a charlar en la bodega. “Cada referencia guarda un pedazo de nuestra historia”, asegura la responsable de enoturismo.

Los pagos que definen su personalidad
Los viñedos de Manuel Aragón se encuentran en los pagos de Campano y Cañadillas, dos enclaves complementarios. “En Campano dominan los barros; en Cañadillas, la tradicional albariza del Marco de Jerez”, explica Villarreal. La proximidad al mar y la influencia del poniente y del levante completan un paisaje vitícola que define el perfil de los vinos.

La bodega trabaja viñas con una edad media de 30 años. “Nuestros vinos son frescos, salinos y con una marcada mineralidad. Esa combinación de barros y albariza aporta estructura y tensión a cada vino que elaboramos”.

Tradición en los generosos, innovación en los tranquilos
La bodega ha mantenido siempre un fuerte compromiso con la tradición jerezana. “El sistema de criaderas y soleras sigue siendo la base de nuestros finos, amontillados, olorosos y palos cortados”, asegura Villarreal. La paciencia, la calma y el tiempo son ingredientes esenciales en esta parte de la producción.

Sin embargo, la casa no se limita al legado histórico. “La innovación se refleja sobre todo en nuestros vinos tranquilos”, añade. Han trabajado con Sauvignon Blanc, han recuperado la Palomino Fino y la Pedro Ximénez para elaborar vinos secos como Retallo, y han apostado por tintos —tanto secos como dulces— además de un Vermut que acaba de obtener la Medalla de Oro en VinEspaña 2025.